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Marcos 1
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1 El principio del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios.
2 Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí envío mi mensajero
delante de ti, quien preparará tu camino.
3 Voz del que proclama en el desierto: "Preparad el camino del Señor;
enderezad sus sendas."
4 Así Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo del
arrepentimiento para perdón de pecados.
5 Y salía a él toda la provincia de Judea y todos los de Jerusalén; y eran
bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
6 Juan estaba vestido de pelo de camello y con un cinto de cuero a la
cintura, y comía langostas y miel silvestre.
7 Y predicaba diciendo: "Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a
quien no soy digno de desatar, agachado, la correa de su calzado.
8 Yo os he bautizado en agua, pero él os bautizará en el Espíritu Santo."
9 Aconteció en aquellos días que Jesús vino de Nazaret de Galilea y fue
bautizado por Juan en el Jordán.
10 Y en seguida, mientras subía del agua, vio que los cielos se abrían y
que el Espíritu descendía sobre él como paloma.
11 Y vino una voz desde el cielo: "Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo
complacencia."
12 En seguida, el Espíritu le impulsó al desierto,
13 y estuvo en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás.
Estaba con las fieras, y los ángeles le servían.
14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el
evangelio de Dios,
15 y diciendo: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha
acercado. ¡Arrepentíos y creed en el evangelio!"
16 Y pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés hermano de
Simón, echando la red en el mar; porque eran pescadores.
17 Jesús les dijo: "Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres."
18 De inmediato dejaron sus redes y le siguieron.
19 Al ir un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo y a su hermano
Juan. Ellos estaban en su barca arreglando las redes.
20 En seguida les llamó; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca
junto con los jornaleros, se fueron en pos de él.
21 Entraron en Capernaúm. Y en seguida, entrando él en la sinagoga los
sábados, enseñaba.
22 Y se asombraban de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene
autoridad y no como los escribas.
23 Y en ese momento un hombre con espíritu inmundo estaba en la sinagoga
de ellos, y exclamó
24 diciendo: --¿Qué tienes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido
para destruirnos? Sé quién eres: ¡el Santo de Dios!
25 Jesús le reprendió diciendo: --¡Cállate y sal de él!
26 Y el espíritu inmundo lo sacudió con violencia, clamó a gran voz y
salió de él.
27 Todos se maravillaron, de modo que discutían entre sí diciendo: --¿Qué
es esto? ¡Una nueva doctrina con autoridad! Aun a los espíritus inmundos
él manda, y le obedecen.
28 Y pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región
alrededor de Galilea.
29 En seguida, cuando salieron de la sinagoga, fueron con Jacobo y Juan a
la casa de Simón y Andrés.
30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y de inmediato le
hablaron de ella.
31 El se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó. Y le dejó la
fiebre, y ella comenzó a servirles.
32 Al atardecer, cuando se puso el sol, le traían todos los enfermos y los
endemoniados.
33 Toda la ciudad estaba reunida a la puerta.
34 Y él sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades y echó fuera
muchos demonios. Y no permitía a los demonios hablar, porque le conocían.
35 Habiéndose levantado muy de madrugada, todavía de noche, Jesús salió y
se fue a un lugar desierto y allí oraba.
36 Simón y sus compañeros fueron en busca de él.
37 Le encontraron y le dijeron: --Todos te buscan.
38 El les respondió: --Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que
predique también allí; porque para esto he venido.
39 Y fue predicando en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echando
fuera los demonios.
40 Y vino a él un leproso implorándole, y de rodillas le dijo: --Si
quieres, puedes limpiarme.
41 Jesús, movido a compasión, extendió la mano, le tocó y le dijo: --Quiero;
sé limpio.
42 Y al instante desapareció la lepra de él, y quedó limpio.
43 En seguida, le despidió después de amonestarle
44 y le dijo: --Mira, no digas nada a nadie. Más bien vé, muéstrate al
sacerdote y ofrece lo que mandó Moisés en cuanto a tu purificación, para
testimonio a ellos.
45 Pero cuando salió, él comenzó a proclamar y a difundir mucho el hecho,
de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ninguna ciudad, sino
que se quedaba afuera en lugares despoblados. Y venían a él de todas
partes.
Marcos 2
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1 Cuando él entró otra vez en Capernaúm después de algunos días, se oyó
que estaba en casa.
2 Muchos acudieron a él, de manera que ya no cabían ni ante la puerta; y
él les hablaba la palabra.
3 Entonces vinieron a él trayendo a un paralítico cargado por cuatro.
4 Y como no podían acercarlo a él debido al gentío, destaparon el techo
donde Jesús estaba, y después de hacer una abertura bajaron la camilla en
que el paralítico estaba recostado.
5 Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: --Hijo, tus pecados
te son perdonados.
6 Algunos de los escribas estaban sentados allí y razonaban en sus
corazones:
7 --¿Por qué habla éste así? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar pecados,
sino uno solo, Dios?
8 De inmediato Jesús, dándose cuenta en su espíritu de que razonaban así
dentro de sí mismos, les dijo: --¿Por qué razonáis así en vuestros
corazones?
9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados";
o decirle: "Levántate, toma tu camilla y anda"?
10 Pero para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad para
perdonar pecados en la tierra--dijo al paralítico--:
11 A ti te digo, ¡levántate, toma tu camilla y vete a tu casa!
12 Y se levantó, y en seguida tomó su camilla y salió en presencia de
todos, de modo que todos se asombraron y glorificaron a Dios, diciendo:
--¡Jamás hemos visto cosa semejante!
13 Jesús salió otra vez junto al mar, y toda la gente venía a él, y él les
enseñaba.
14 Y pasando, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado en el lugar de los
tributos públicos, y le dijo: "Sígueme." Y levantándose, le siguió.
15 Sucedió que, estando Jesús sentado a la mesa en casa de Leví, muchos
publicanos y pecadores estaban también sentados a la mesa con Jesús y sus
discípulos, porque eran muchos y le habían seguido.
16 Y cuando los escribas de los fariseos le vieron comer con los pecadores
y publicanos, decían a sus discípulos: --¿Por qué come con los publicanos
y pecadores?
17 Al oírlo, Jesús les dijo: --Los sanos no tienen necesidad de médico,
sino los que están enfermos. No he venido para llamar a justos, sino a
pecadores.
18 Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando. Fueron a Jesús
y le dijeron: --¿Por qué ayunan los discípulos de Juan y los discípulos de
los fariseos, pero tus discípulos no ayunan?
19 Jesús les dijo: --¿Acaso pueden ayunar los que están de bodas mientras
el novio está con ellos? Entretanto que tienen al novio con ellos, no
pueden ayunar.
20 Pero vendrán días cuando el novio les será quitado. Entonces, en aquel
día ayunarán.
21 Nadie pone parche de tela nueva en vestido viejo. De otra manera, el
parche nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor.
22 Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos. De otra manera, el vino rompe
los odres, y se pierde el vino, y también los odres. Más bien, el vino
nuevo se echa en odres nuevos.
23 Aconteció que Jesús pasaba por los sembrados en sábado, y sus
discípulos se pusieron a caminar arrancando espigas.
24 Los fariseos le decían: --Mira, ¿por qué hacen en los sábados lo que no
es lícito?
25 Y él les dijo: --¿Nunca habéis leído qué hizo David cuando tuvo
necesidad y pasó hambre él y los que estaban con él;
26 cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió
los panes de la Presencia, y aun dio a los que estaban con él; cosa que no
es lícito comer, salvo a los sacerdotes?
27 --También les dijo--: El sábado fue hecho para el hombre, y no el
hombre para el sábado.
28 Así que el Hijo del Hombre es Señor también del sábado.
Marcos 3
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1 Entró otra vez en la sinagoga, y estaba allí un hombre que tenía la mano
paralizada.
2 Y estaban al acecho a ver si le sanaría en sábado, a fin de acusarle.
3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano paralizada: --¡Ponte de pie en
medio!
4 Y a ellos les dijo: --¿Es lícito en sábado hacer bien o hacer mal? ¿Salvar
la vida o matar? Pero ellos callaban.
5 Y mirándolos en derredor con enojo, dolorido por la dureza de sus
corazones, dijo al hombre: --Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano le
fue restaurada.
6 Los fariseos salieron en seguida, junto con los herodianos, y tomaron
consejo contra él, cómo destruirlo.
7 Jesús se apartó con sus discípulos al mar, y le siguió una gran multitud
de gente procedente de Galilea. Y de Judea,
8 de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, y de los alrededores
de Tiro y Sidón una gran multitud vino a él, porque habían oído de las
grandes cosas que hacía.
9 Y Jesús dijo a sus discípulos que siempre tuviesen lista una barca a
causa del gentío, para que no lo apretujaran;
10 porque había sanado a muchos, de modo que le caían encima todos cuantos
tenían plagas, para tocarlo.
11 Y los espíritus inmundos, siempre que le veían, se postraban delante de
él y gritaban diciendo: "¡Tú eres el Hijo de Dios!"
12 Pero él les reprendía mucho para que no le dieran a conocer.
13 Entonces subió al monte y llamó a sí a los que él quiso, y fueron a él.
14 Constituyó a doce, a quienes nombró apóstoles, para que estuvieran con
él, y para enviarlos a predicar
15 y tener autoridad para echar fuera los demonios.
16 Y constituyó a los doce: a Simón (a quien le puso por nombre Pedro),
17 a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan el hermano de Jacobo (a ellos les
puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno),
18 a Andrés, a Felipe, a Bartolomé, a Mateo, a Tomás, a Jacobo hijo de
Alfeo, a Tadeo, a Simón el cananita
19 y a Judas Iscariote (el que le entregó). El volvió a casa,
20 y otra vez se reunió la multitud, de modo que ellos no podían ni
siquiera comer pan.
21 Cuando los suyos lo oyeron, fueron para prenderle, porque decían que
estaba fuera de sí.
22 Los escribas que habían descendido de Jerusalén decían que estaba
poseído por Beelzebul y que mediante el príncipe de los demonios echaba
fuera los demonios.
23 Y habiéndolos llamado a su lado, les hablaba en parábolas: "¿Cómo puede
Satanás echar fuera a Satanás?
24 Si un reino se divide contra sí, ese reino no puede permanecer.
25 Si una casa se divide contra sí, esa casa no podrá permanecer.
26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo y está dividido, no puede
permanecer, sino que su fin ha llegado.
27 Al contrario, nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y
saquear sus bienes a menos que primero ate al hombre fuerte. Y entonces
saqueará su casa.
28 De cierto os digo que a los hijos de los hombres les serán perdonados
todos los pecados y blasfemias, cualesquiera que sean.
29 Pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón
jamás, sino que es culpable de pecado eterno."
30 Dijo esto porque decían: "Tiene espíritu inmundo."
31 Entonces fueron su madre y sus hermanos, y quedándose fuera enviaron a
llamarle.
32 Mucha gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: --Mira, tu
madre, tus hermanos y tus hermanas te buscan afuera.
33 El respondiendo les dijo: --¿Quién es mi madre y mis hermanos?
34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: --He aquí
mi madre y mis hermanos.
35 Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, éste es mi hermano, mi
hermana y mi madre.
Marcos 4
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1 Otra vez comenzó a enseñar junto al mar, y se reunió ante él una
multitud muy grande; de manera que él entró en una barca mar adentro y se
sentó allí, y toda la multitud estaba en la playa, frente al mar.
2 Y les enseñaba muchas cosas en parábolas. Les decía en su enseñanza:
3 "¡Oíd! He aquí un sembrador salió a sembrar.
4 Y mientras sembraba, aconteció que parte de la semilla cayó junto al
camino; y vinieron las aves y la devoraron.
5 Otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra, y en seguida
brotó; porque la tierra no era profunda.
6 Y cuando salió el sol se quemó, y porque no tenía raíces se secó.
7 Otra parte cayó entre los espinos. Y los espinos crecieron y la ahogaron,
y no dio fruto.
8 Y otras semillas cayeron en buena tierra y creciendo y aumentando dieron
fruto. Y llevaban fruto a treinta, sesenta y ciento por uno."
9 Y decía: "El que tiene oído para oír, oiga."
10 Cuando estuvo solo, los que estaban alrededor de él junto con los doce
le preguntaban en cuanto a las parábolas.
11 Y él les decía: "A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios;
pero para los que están fuera, todas las cosas están en parábolas,
12 para que viendo vean y no perciban, y oyendo oigan y no entiendan; de
modo que no se conviertan y les sea perdonado."
13 Luego les dijo: "¿No comprendéis esta parábola? ¿Cómo, pues,
entenderéis todas las parábolas?
14 El sembrador siembra la palabra.
15 Primero están estos que caen junto al camino donde se siembra la
palabra. Y cuando la oyen, en seguida viene Satanás y quita la palabra que
había sido sembrada en ellos.
16 También los que son sembrados en pedregales son aquellos que, cuando
oyen la palabra, en seguida la reciben con gozo;
17 pero no tienen raíz en sí, sino que son de poca duración. Entonces,
cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, en
seguida tropiezan.
18 Y otros son los que son sembrados entre espinos. Ellos son los que oyen
la palabra,
19 pero las preocupaciones de este mundo, el engaño de las riquezas y la
codicia de otras cosas se entrometen y ahogan la palabra, y queda sin
fruto.
20 Y aquellos que fueron sembrados en buena tierra son los que oyen la
palabra, la reciben y producen fruto a treinta, a sesenta y a ciento por
uno."
21 También les dijo: "¿Acaso se trae una lámpara para que sea puesta
debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es para que sea puesta sobre
el candelero?
22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni nada
escondido, sino para que salga en claro.
23 Si alguno tiene oídos para oír, oiga."
24 Les dijo también: "Considerad lo que oís: Con la medida con que medís,
será medido para vosotros y os será añadido.
25 Porque al que tiene le será dado, y al que no tiene aun lo que tiene le
será quitado."
26 También decía: "Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa
semilla en la tierra.
27 El duerme de noche y se levanta de día, y la semilla brota y crece sin
que él sepa cómo.
28 Porque de por sí la tierra da fruto: primero el tallito, luego las
espigas y después el grano lleno en la espiga.
29 Y cuando el fruto se ha producido, en seguida él mete la hoz, porque la
siega ha llegado."
30 También decía: "¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿Con qué
parábola lo compararemos?
31 Es como un grano de mostaza que, cuando es sembrado en la tierra, es la
más pequeña de todas las semillas de la tierra.
32 Pero una vez sembrado, crece y se convierte en la más grande de todas
las hortalizas, y echa ramas muy grandes, de modo que las aves del cielo
pueden anidar bajo su sombra."
33 Con muchas parábolas semejantes les hablaba la palabra, conforme a lo
que podían oír.
34 No les hablaba sin parábolas, pero en privado les explicaba todo a sus
discípulos.
35 Aquel día, al anochecer, les dijo: --Pasemos al otro lado.
36 Y después de despedir a la multitud, le recibieron en la barca, tal
como estaba. Y había otras barcas con él.
37 Entonces se levantó una gran tempestad de viento que arrojaba las olas
a la barca, de modo que la barca ya se anegaba.
38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal; pero le despertaron
diciendo: --¡Maestro! ¿No te importa que perecemos?
39 Y despertándose, reprendió al viento y dijo al mar: --¡Calla! ¡Enmudece!
Y el viento cesó y se hizo grande bonanza.
40 Y les dijo: --¿Por qué estáis miedosos? ¿Todavía no tenéis fe?
41 Ellos temieron con gran temor y se decían el uno al otro: --Entonces, ¿quién
es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?
Marcos 5
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1 Fueron a la otra orilla del mar a la región de los gadarenos.
2 Apenas salido él de la barca, de repente le salió al encuentro, de entre
los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo.
3 Este tenía su morada entre los sepulcros. Y nadie podía atarle ni
siquiera con cadenas,
4 ya que muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero él
había hecho pedazos las cadenas y desmenuzado los grillos. Y nadie lo
podía dominar.
5 Continuamente, de día y de noche, andaba entre los sepulcros y por las
montañas, gritando e hiriéndose con piedras.
6 Cuando vio a Jesús desde lejos, corrió y le adoró.
7 Y clamando a gran voz dijo: --¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios
Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.
8 Pues Jesús le decía: --Sal de este hombre, espíritu inmundo.
9 Y le preguntó: --¿Cómo te llamas? Y le dijo: --Me llamo Legión, porque
somos muchos.
10 Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región.
11 Allí cerca de la montaña estaba paciendo un gran hato de cerdos.
12 Y le rogaron diciendo: --Envíanos a los cerdos, para que entremos en
ellos.
13 Jesús les dio permiso. Y los espíritus inmundos salieron y entraron en
los cerdos, y el hato se lanzó al mar por un despeñadero, como dos mil
cerdos, y se ahogaron en el mar.
14 Los que apacentaban los cerdos huyeron y dieron aviso en la ciudad y
por los campos. Y fueron para ver qué era lo que había acontecido.
15 Llegaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión,
sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
16 Los que lo habían visto les contaron qué había acontecido al
endemoniado y lo de los cerdos,
17 y ellos comenzaron a implorar a Jesús que saliera de sus territorios.
18 Y mientras él entraba en la barca, el que había sido poseído por el
demonio le rogaba que le dejase estar con él.
19 Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: --Vete a tu casa, a los
tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas ha hecho el Señor por ti, y cómo
tuvo misericordia de ti.
20 El se fue y comenzó a proclamar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús
había hecho por él, y todos se maravillaban.
21 Cuando Jesús había cruzado de nuevo en la barca a la otra orilla, se
congregó alrededor de él una gran multitud. Y él estaba junto al mar.
22 Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo. Cuando le
vio, se postró a sus pies
23 y le imploró mucho diciendo: --Mi hijita está agonizando. ¡Ven! Pon las
manos sobre ella para que sea salva, y viva.
24 Jesús fue con él. Y le seguía una gran multitud, y le apretujaban.
25 Había una mujer que sufría de hemorragia desde hacía doce años.
26 Había sufrido mucho de muchos médicos y había gastado todo lo que
tenía, y de nada le había aprovechado; más bien, iba de mal en peor.
27 Cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás de él entre la multitud y
tocó su manto,
28 porque ella pensaba: "Si sólo toco su manto, seré sanada."
29 Al instante, se secó la fuente de su sangre y sintió en su cuerpo que
ya estaba sana de aquel azote.
30 De pronto Jesús, reconociendo dentro de sí que había salido poder de
él, volviéndose a la multitud dijo: --¿Quién me ha tocado el manto?
31 Sus discípulos le dijeron: --Ves la multitud que te apretuja, y
preguntas: "¿Quién me tocó?"
32 El miraba alrededor para ver a la que había hecho esto.
33 Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había
sido hecho, fue y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.
34 El le dijo: --Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda sanada de
tu azote.
35 Mientras él aún hablaba, vinieron de la casa del principal de la
sinagoga, diciendo: --Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestas más al
Maestro?
36 Pero Jesús, sin hacer caso a esta palabra que se decía, dijo al
principal de la sinagoga: --No temas; sólo cree.
37 Y no permitió que nadie le acompañara, sino Pedro, Jacobo y Juan, el
hermano de Jacobo.
38 Llegaron a la casa del principal de la sinagoga, y él vio el alboroto y
los que lloraban y lamentaban mucho.
39 Y al entrar, les dijo: --¿Por qué hacéis alboroto y lloráis? La niña no
ha muerto, sino que duerme.
40 Ellos se burlaban de él. Pero él los sacó a todos y tomó al padre y a
la madre de la niña y a los que estaban con él, y entró a donde estaba la
niña.
41 Tomó la mano de la niña y le dijo: --Talita, cumi--que traducido es:
Niña, a ti te digo, levántate--.
42 Y en seguida la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y
quedaron atónitos.
43 El les mandó estrictamente que nadie lo supiese y ordenó que le diesen
a ella de comer.
Marcos 6
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1 Salió de allí y fue a su tierra, y sus discípulos le siguieron.
2 Y cuando llegó el sábado, él comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos
quedaban atónitos cuando le oían, y decían: --¿De dónde le vienen a éste
estas cosas? ¿Qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¡Cuántas obras
poderosas son hechas por sus manos!
3 ¿No es éste el carpintero, hijo de María y hermano de Jacobo, de José,
de Judas y de Simón? ¿No están también sus hermanas aquí con nosotros? Y
se escandalizaban de él.
4 Pero Jesús les decía: --No hay profeta sin honra sino en su propia
tierra, entre sus familiares y en su casa.
5 Y no pudo hacer allí ningún hecho poderoso, sino que sanó a unos pocos
enfermos, poniendo sobre ellos las manos.
6 Estaba asombrado a causa de la incredulidad de ellos. Y recorría las
aldeas de alrededor, enseñando.
7 Entonces llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos. Les daba
autoridad sobre los espíritus inmundos.
8 Les mandó que no llevasen nada para el camino: ni pan, ni bolsa, ni
dinero en el cinto, sino solamente un bastón;
9 pero que calzasen sandalias y que no vistiesen dos túnicas.
10 Y les decía: "Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta
que salgáis de aquel lugar.
11 Cualquier lugar que no os reciba ni os oiga, saliendo de allí, sacudid
el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio contra ellos."
12 Entonces ellos salieron y predicaron que la gente se arrepintiese.
13 Echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y
los sanaban.
14 El rey Herodes oyó de Jesús, porque su nombre había llegado a ser muy
conocido. Unos decían: "Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y
por esta razón operan estos poderes en él."
15 Otros decían: "Es Elías." Mientras otros decían: "Es profeta como uno
de los profetas."
16 Pero cuando Herodes oyó esto, dijo: "¡Juan, a quien yo decapité, ha
resucitado!"
17 Porque Herodes mismo había mandado prender a Juan y lo había encadenado
en la cárcel por causa de Herodía, la mujer de su hermano Felipe; porque
se había casado con ella.
18 Pues Juan le decía a Herodes: "No te es lícito tener la mujer de tu
hermano."
19 Pero Herodía le acechaba y deseaba matarle, aunque no podía;
20 porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y
le protegía. Y al escucharle quedaba muy perplejo, pero le oía de buena
gana.
21 Llegó un día oportuno cuando Herodes, en la fiesta de su cumpleaños,
dio una cena para sus altos oficiales, los tribunos y las personas
principales de Galilea.
22 Entonces la hija de Herodía entró y danzó, y agradó a Herodes y a los
que estaban con él a la mesa; y el rey le dijo a la muchacha: --Pídeme lo
que quieras, y yo te lo daré.
23 Y le juró mucho: --Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi
reino.
24 Ella salió y dijo a su madre: --¿Qué pediré? Y ésta dijo: --La cabeza
de Juan el Bautista.
25 En seguida ella entró con prisa al rey y le pidió diciendo: --Quiero
que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
26 El rey se entristeció mucho, pero a causa del juramento y de los que
estaban a la mesa, no quiso rechazarla.
27 Inmediatamente el rey envió a uno de la guardia y mandó que fuese
traída su cabeza. Este fue, le decapitó en la cárcel
28 y llevó su cabeza en un plato; la dio a la muchacha, y la muchacha se
la dio a su madre.
29 Cuando sus discípulos oyeron esto, fueron y tomaron su cuerpo, y lo
pusieron en un sepulcro.
30 Los apóstoles se reunieron con Jesús, y le contaron todo lo que habían
hecho y lo que habían enseñado.
31 El les dijo: --Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad
un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, y ni siquiera tenían
oportunidad para comer.
32 Y se fueron solos en la barca a un lugar desierto.
33 Pero muchos les vieron ir y les reconocieron. Y corrieron allá a pie de
todas las ciudades y llegaron antes que ellos.
34 Cuando Jesús salió, vio una gran multitud y tuvo compasión de ellos,
porque eran como ovejas que no tenían pastor. Entonces comenzó a
enseñarles muchas cosas.
35 Como la hora era ya muy avanzada, sus discípulos se acercaron a él y le
dijeron: --El lugar es desierto, y la hora avanzada.
36 Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor y compren
para sí algo que comer.
37 El les respondió y dijo: --Dadles vosotros de comer. Le dijeron: --¿Que
vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?
38 El les dijo: --¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Al enterarse, le
dijeron: --Cinco, y dos pescados.
39 El les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba
verde.
40 Se recostaron por grupos, de cien en cien y de cincuenta en cincuenta.
41 Y él tomó los cinco panes y los dos pescados, y alzando los ojos al
cielo, bendijo y partió los panes. Luego iba dando a sus discípulos para
que los pusiesen delante de los hombres, y también repartió los dos
pescados entre todos.
42 Todos comieron y se saciaron,
43 y recogieron doce canastas llenas de los pedazos de pan y de los
pescados.
44 Y los que comieron los panes eran como cinco mil hombres.
45 En seguida obligó a sus discípulos a subir en la barca para ir delante
de él a Betsaida, en la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
46 Y habiéndose despedido de ellos, se fue al monte a orar.
47 Al caer la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en
tierra.
48 Viendo que ellos se fatigaban remando, porque el viento les era
contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche, él fue a ellos
caminando sobre el mar, y quería pasarlos de largo.
49 Pero cuando ellos vieron que él caminaba sobre el mar, pensaron que era
un fantasma y clamaron a gritos;
50 porque todos le vieron y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos y
les dijo: "¡Tened ánimo! ¡Yo soy! ¡No temáis!"
51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento. Ellos estaban
sumamente perplejos,
52 pues aún no habían comprendido lo de los panes; más bien, sus corazones
estaban endurecidos.
53 Y cuando cruzaron a la otra orilla, llegaron a la tierra de Genesaret y
amarraron la barca.
54 Pero cuando ellos salieron de la barca, en seguida le reconocieron.
55 Recorrieron toda aquella región, y comenzaron a traer en camillas a los
que estaban enfermos a donde oían que él estaba.
56 Dondequiera que entraba, ya sea en aldeas o ciudades o campos, ponían
en las plazas a los que estaban enfermos, y le rogaban que sólo pudiesen
tocar el borde de su manto. Y todos los que le tocaban quedaban sanos.
Marcos 7
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1 Se juntaron a Jesús los fariseos y algunos de los escribas que habían
venido de Jerusalén.
2 Ellos vieron que algunos discípulos de él estaban comiendo pan con las
manos impuras, es decir, sin lavar.
3 Pues los fariseos y todos los judíos, si no se lavan las manos hasta la
muñeca, no comen, porque se aferran a la tradición de los ancianos.
4 Cuando vuelven del mercado, si no se lavan, no comen. Y hay muchas otras
cosas que aceptaron para guardar, como los lavamientos de las copas, de
los jarros y de los utensilios de bronce y de los divanes.
5 Le preguntaron los fariseos y los escribas: --¿Por qué no andan tus
discípulos de acuerdo con la tradición de los ancianos, sino que comen pan
con las manos impuras?
6 Y les respondió diciendo: --Bien profetizó Isaías acerca de vosotros,
hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra de labios, pero su
corazón está lejos de mí.
7 Y en vano me rinden culto, enseñando como doctrina los mandamientos de
hombres.
8 Porque dejando los mandamientos de Dios, os aferráis a la tradición de
los hombres.
9 Les decía también: --¡Bien desecháis el mandamiento de Dios para
establecer vuestra tradición!
10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y: El que maldice a
su padre o a su madre muera irremisiblemente.
11 Pero vosotros decís que si alguien dice a su padre o madre: "Aquello
con que hubieras sido beneficiado de parte mía es Corbán" --es decir, una
ofrenda a Dios--,
12 ya no le permitís hacer nada por su padre o su madre.
13 Así invalidáis la palabra de Dios mediante vuestra tradición que habéis
trasmitido, y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.
14 Llamando a sí otra vez a toda la multitud, les decía: --Oídme todos y
entended.
15 No hay nada fuera del hombre que por entrar en él le pueda contaminar.
Pero lo que sale del hombre es lo que contamina al hombre.
16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.
17 Cuando entró en casa, aparte de la multitud, sus discípulos le
preguntaron acerca de la parábola.
18 Y les dijo: --¿Así que también vosotros carecéis de entendimiento? ¿No
comprendéis que nada de lo que entra en el hombre desde fuera le puede
contaminar?
19 Porque no entra en su corazón sino en su estómago, y sale a la letrina.
Así declaró limpias todas las comidas.
20 Y decía: --Lo que del hombre sale, eso contamina al hombre.
21 Porque desde adentro, del corazón del hombre, salen los malos
pensamientos, las inmoralidades sexuales, los robos, los homicidios,
22 los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la sensualidad,
la envidia, la blasfemia, la insolencia y la insensatez.
23 Todas estas maldades salen de adentro y contaminan al hombre.
24 Y levantándose, partió de allí para los territorios de Tiro y de Sidón.
Y entró en una casa y no quería que nadie lo supiese, pero no pudo
esconderse.
25 Más bien, en seguida oyó de él una mujer cuya hija tenía un espíritu
inmundo, y vino y cayó a sus pies.
26 La mujer era griega, de nacionalidad sirofenicia, y le rogaba que
echase el demonio fuera de su hija.
27 Pero Jesús le dijo: --Deja primero que se sacien los hijos, porque no
es bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perritos.
28 Ella respondió y le dijo: --Sí, Señor; también los perritos debajo de
la mesa comen de las migajas de los hijos.
29 Entonces él le dijo: --Por causa de lo que has dicho, vé; el demonio ha
salido de tu hija.
30 Y cuando ella se fue a su casa, halló a su hija acostada en la cama y
que el demonio había salido.
31 Al salir de nuevo de los territorios de Tiro, fue por Sidón al mar de
Galilea, atravesando el territorio de Decápolis.
32 Entonces le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera
la mano encima.
33 Y tomándole aparte de la multitud, metió los dedos en sus orejas,
escupió y tocó su lengua.
34 Luego mirando al cielo, suspiró y le dijo: --¡Efata! --que quiere
decir: Sé abierto--.
35 Y de inmediato fueron abiertos sus oídos y desatada la ligadura de su
lengua, y hablaba bien.
36 El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más les mandaba,
tanto más lo proclamaban.
37 Se maravillaban sin medida, diciendo: --¡Todo lo ha hecho bien! Aun a
los sordos hace oír, y a los mudos hablar.
Marcos 8
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1 En aquellos días, ya que otra vez había una gran multitud y no tenían
qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
2 --Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que
permanecen conmigo y no tienen qué comer.
3 Si les despido a sus casas en ayunas, se desmayarán en el camino; y
algunos de ellos han venido de lejos.
4 Sus discípulos le respondieron: --¿De dónde podrá alguien saciar a éstos
de pan, aquí en el desierto?
5 Y les preguntó: --¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: --Siete.
6 Entonces él mandó a la multitud recostarse en tierra. Tomó los siete
panes, y habiendo dado gracias, los partió y daba a sus discípulos para
que ellos los sirviesen. Y ellos los sirvieron a la multitud.
7 También tenían unos pocos pescaditos. Y después de bendecirlos, él mandó
que también los sirviesen.
8 Comieron y se saciaron, y recogieron siete cestas de los pedazos que
habían sobrado.
9 Y eran como cuatro mil. El los despidió;
10 y luego, entrando en la barca con sus discípulos, se fue a la región de
Dalmanuta.
11 Salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una
señal del cielo, para probarle.
12 El suspiró profundamente en su espíritu y dijo: "¿Por qué pide esta
generación una señal? De cierto os digo que a esta generación no se le
dará ninguna señal."
13 Y dejándolos, volvió a entrar en la barca y cruzó a la otra orilla.
14 Se habían olvidado de llevar pan, y no tenían consigo en la barca sino
un solo pan.
15 Y él les mandó, diciendo: --Mirad; guardaos de la levadura de los
fariseos y de la levadura de Herodes.
16 Ellos discutían los unos con los otros, porque no tenían pan.
17 Como Jesús lo entendió, les dijo: --¿Por qué discutís? ¿Porque no
tenéis pan? ¿Todavía no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis endurecido
vuestro corazón?
18 Teniendo ojos, ¿no veis? Teniendo oídos, ¿no oís? ¿No os acordáis?
19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas canastas llenas
de pedazos recogisteis? Ellos dijeron: --Doce.
20 --Y cuando repartí los siete panes entre los cuatro mil, ¿cuántas
cestas llenas de pedazos recogisteis? Ellos dijeron: --Siete.
21 El les preguntó: --¿Todavía no comprendéis?
22 Jesús fue a Betsaida, y le trajeron un ciego y le rogaban que lo
tocase.
23 Entonces tomando al ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea.
Después de mojarle los ojos con saliva e imponerle las manos, le preguntó:
--¿Ves algo?
24 Al mirar, él decía: --Veo a los hombres, pero los veo como árboles que
andan.
25 Luego puso otra vez las manos sobre sus ojos, y miró intensamente. Y
fue restaurada su vista, y veía todo de lejos y claramente.
26 Entonces Jesús le envió a su casa, diciéndole: --No entres en la aldea.
27 Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo, y
en el camino les preguntó a sus discípulos diciendo: --¿Quién dice la
gente que soy yo?
28 Ellos respondieron: --Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; otros, uno
de los profetas.
29 Entonces él les preguntó: --Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Respondiendo Pedro le dijo: --¡Tú eres el Cristo!
30 El les mandó enérgicamente que no hablasen a nadie acerca de él.
31 Luego comenzó a enseñarles que era necesario que el Hijo del Hombre
padeciese mucho, que fuese desechado por los ancianos, los principales
sacerdotes y los escribas, y que fuese muerto y resucitado después de tres
días.
32 Les decía esto claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a
reprenderle.
33 Pero él se dio vuelta, y mirando a sus discípulos reprendió a Pedro
diciéndole: --¡Quítate de delante de mí, Satanás! Porque no piensas en las
cosas de Dios, sino en las de los hombres.
34 Y llamó a sí a la gente, juntamente con sus discípulos, y les dijo:
--Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y
sígame.
35 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su
vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.
36 Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su
alma?
37 Porque, ¿qué dará el hombre en rescate por su alma?
38 Pues el que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación
adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él
cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
Marcos 9
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1 También les dijo: --De cierto os digo que hay algunos de los que están
aquí presentes que no gustarán la muerte hasta que hayan visto que el
reino de Dios ha venido con poder.
2 Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y les
hizo subir aparte, a solas, a un monte alto, y fue transfigurado delante
de ellos.
3 Sus vestiduras se hicieron resplandecientes, muy blancas, tanto que
ningún lavandero en la tierra las puede dejar tan blancas.
4 Y les apareció Elías con Moisés, y estaban hablando con Jesús.
5 Entonces intervino Pedro y dijo a Jesús: --Rabí, es bueno que nosotros
estemos aquí. Levantemos, pues, tres enramadas: una para ti, otra para
Moisés y otra para Elías.
6 Pues él no sabía qué decir, porque tuvieron miedo.
7 Vino una nube haciéndoles sombra, y desde la nube una voz decía: "Este
es mi hijo amado; a él oíd."
8 Y de inmediato, mirando alrededor, ya no vieron a nadie más con ellos,
sino sólo a Jesús.
9 Mientras descendían ellos del monte, Jesús les ordenó que no contaran a
nadie lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre resucitara de
entre los muertos.
10 Y ellos guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué significaría
aquello de resucitar de entre los muertos.
11 Le preguntaron diciendo: --¿Por qué dicen los escribas que es necesario
que Elías venga primero?
12 El les dijo: --A la verdad, Elías viene primero y restaura todas las
cosas. Y, ¿cómo está escrito acerca del Hijo del Hombre, que padezca mucho
y sea menospreciado?
13 Sin embargo, os digo que Elías ya ha venido; e hicieron con él todo lo
que quisieron, tal como está escrito de él.
14 Cuando llegaron a los discípulos, vieron una gran multitud alrededor de
ellos, y a unos escribas que disputaban con ellos.
15 En seguida, cuando toda la gente le vio, se sorprendió, y corriendo
hacia él le saludaron.
16 Y les preguntó: --¿Qué disputáis con ellos?
17 Le respondió uno de la multitud: --Maestro, traje a ti mi hijo porque
tiene un espíritu mudo,
18 y dondequiera que se apodera de él, lo derriba. Echa espumarajos y
cruje los dientes, y se va desgastando. Dije a tus discípulos que lo
echasen fuera, pero no pudieron.
19 Y respondiendo les dijo: --¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo
estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os soportaré? ¡Traédmelo!
20 Se lo trajeron; y cuando el espíritu le vio, de inmediato sacudió al
muchacho, quien cayó en tierra y se revolcaba, echando espumarajos.
21 Jesús preguntó a su padre: --¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? El
dijo: --Desde niño.
22 Muchas veces le echa en el fuego o en el agua para matarlo; pero si
puedes hacer algo, ¡ten misericordia de nosotros y ayúdanos!
23 Jesús le dijo: --¿"Si puedes..."? ¡Al que cree todo le es posible!
24 Inmediatamente el padre del muchacho clamó diciendo: --¡Creo! ¡Ayuda mi
incredulidad!
25 Pero cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al
espíritu inmundo diciéndole: --Espíritu mudo y sordo, yo te mando, ¡sal de
él y nunca más entres en él!
26 Entonces, clamando y desgarrándole con violencia, el espíritu salió; y
el muchacho quedó como muerto, de modo que muchos decían: --¡Está muerto!
27 Pero Jesús le tomó de la mano y le enderezó, y él se levantó.
28 Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron en privado:
--¿Por qué no pudimos echarlo fuera nosotros?
29 El les dijo: --Este género con nada puede salir, sino con oración.
30 Habiendo salido de allí, caminaban por Galilea. El no quería que nadie
lo supiese,
31 porque iba enseñando a sus discípulos, y les decía: "El Hijo del Hombre
ha de ser entregado en manos de hombres, y le matarán. Y una vez muerto,
resucitará después de tres días."
32 Pero ellos no entendían esta palabra y tenían miedo de preguntarle.
33 Llegó a Capernaúm. Y cuando estuvo en casa, Jesús les preguntó: --¿Qué
disputabais entre vosotros en el camino?
34 Pero ellos callaron, porque lo que habían disputado los unos con los
otros en el camino era sobre quién era el más importante.
35 Entonces se sentó, llamó a los doce y les dijo: --Si alguno quiere ser
el primero, deberá ser el último de todos y el siervo de todos.
36 Y tomó a un niño y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus
brazos, les dijo:
37 --El que en mi nombre recibe a alguien como este niño, a mí me recibe;
y el que a mí me recibe no me recibe a mí, sino al que me envió.
38 Juan le dijo: --Maestro, vimos a alguien que echaba fuera demonios en
tu nombre, y se lo prohibimos, porque no nos seguía.
39 Pero Jesús dijo: --No se lo prohibáis, porque nadie que haga milagros
en mi nombre podrá después hablar mal de mí.
40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
41 Cualquiera que os dé un vaso de agua en mi nombre, porque sois de
Cristo, de cierto os digo que jamás perderá su recompensa.
42 Y a cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en
mí, mejor le fuera que se le atase una gran piedra de molino al cuello y
que fuese echado al mar.
43 Si tu mano te hace tropezar, córtala. Mejor te es entrar manco a la
vida que teniendo dos manos, ir al infierno, al fuego inextinguible,
44 donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.
45 Si tu pie te hace tropezar, córtalo. Mejor te es entrar cojo a la vida
que teniendo dos pies, ser echado al infierno,
46 donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.
47 Y si tu ojo te hace tropezar, sácalo. Mejor te es entrar con un solo
ojo al reino de Dios que, teniendo dos ojos, ser echado al infierno,
48 donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.
49 Porque todo será salado con fuego.
50 Buena es la sal; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué será
salada? Tened sal en vosotros y vivid en paz los unos con los otros.
Marcos 10
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1 Y levantándose de allí, fue a las regiones de Judea y de más allá del
Jordán. Las multitudes volvieron a acudir a él, y de nuevo les enseñaba
como él acostumbraba.
2 Entonces se acercaron unos fariseos para probarle, y le preguntaron si
era lícito al marido divorciarse de su mujer.
3 Pero él respondió y les dijo: --¿Qué os mandó Moisés?
4 Ellos dijeron: --Moisés permitió escribir carta de divorcio y
despedirla.
5 Pero Jesús les dijo: --Ante vuestra dureza de corazón, os escribió este
mandamiento.
6 Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.
7 Por esta causa el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su
mujer;
8 y serán los dos una sola carne. Así que, ya no son más dos, sino una
sola carne.
9 Por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.
10 En casa sus discípulos volvieron a preguntarle acerca de esto.
11 El les dijo: --Cualquiera que se divorcia de su mujer y se casa con
otra, comete adulterio contra ella.
12 Y si la mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, comete
adulterio.
13 Y le presentaban niños para que los tocase, pero los discípulos los
reprendieron.
14 Al verlo, Jesús se indignó y les dijo: "Dejad a los niños venir a mí, y
no les impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.
15 De cierto os digo que cualquiera que no reciba el reino de Dios como un
niño, jamás entrará en él."
16 Entonces tomándolos en los brazos, puso las manos sobre ellos y los
bendijo.
17 Cuando salía para continuar su camino, un hombre vino corriendo, se
puso de rodillas delante de él y le preguntó: --Maestro bueno, ¿qué haré
para obtener la vida eterna?
18 Pero Jesús le dijo: --¿Por qué me llamas "bueno"? Ninguno es bueno,
sino sólo uno, Dios.
19 Tú conoces los mandamientos: No cometas homicidio, no cometas
adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu
padre y a tu madre.
20 Pero él le dijo: --Maestro, todo esto he guardado desde mi juventud.
21 Entonces al mirarlo Jesús, le amó y le dijo: --Una cosa te falta: Anda,
vende todo lo que tienes y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el
cielo. Y ven; sígueme.
22 Pero él, abatido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas
posesiones.
23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: --¡Cuán
difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
24 Los discípulos se asombraron por sus palabras; pero Jesús, respondiendo
de nuevo, les dijo: --Hijitos, ¡cuán difícil es entrar en el reino de
Dios!
25 Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un
rico entrar en el reino de Dios.
26 Pero ellos quedaron aun más atónitos diciendo entre sí: --¿Y quién
podrá ser salvo?
27 Entonces Jesús, mirándolos, les dijo: --Para los hombres es imposible;
pero no para Dios. Porque para Dios todas las cosas son posibles.
28 Pedro comenzó a decirle: --He aquí, nosotros hemos dejado todo y te
hemos seguido.
29 Jesús le dijo: --De cierto os digo que no hay nadie que haya dejado
casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, por
causa de mí y del evangelio,
30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, hermanos,
hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y en la edad
venidera, la vida eterna.
31 Pero muchos primeros serán los últimos, y los últimos, primeros.
32 Iban por el camino subiendo a Jerusalén, y Jesús iba delante de ellos.
Estaban asombrados, y los que le seguían tenían miedo. Entonces, volviendo
a tomar a los doce aparte, les comenzó a declarar las cosas que le estaban
por acontecer:
33 --He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a
los principales sacerdotes y a los escribas. Le condenarán a muerte y le
entregarán a los gentiles.
34 Se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y le matarán; y después de
tres días resucitará.
35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a él y le
dijeron: --Maestro, queremos que nos concedas lo que pidamos.
36 El les dijo: --¿Qué queréis que haga por vosotros?
37 Ellos dijeron: --Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu
derecha y el otro a tu izquierda.
38 Entonces Jesús les dijo: --No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la
copa que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy
bautizado?
39 Ellos dijeron: --Podemos. Y Jesús les dijo: --Beberéis la copa que yo
bebo, y seréis bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado.
40 Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es mío concederlo,
sino que es para quienes está preparado.
41 Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse con Jacobo y Juan.
42 Pero Jesús los llamó y les dijo: --Sabéis que los que son tenidos por
príncipes de los gentiles se enseñorean de ellos, y sus grandes ejercen
autoridad sobre ellos.
43 Pero no es así entre vosotros. Más bien, cualquiera que anhele hacerse
grande entre vosotros será vuestro servidor,
44 y cualquiera que anhele ser el primero entre vosotros será siervo de
todos.
45 Porque el Hijo del Hombre tampoco vino para ser servido, sino para
servir y para dar su vida en rescate por muchos.
46 Entonces llegaron a Jericó. Y cuando él iba saliendo de Jericó junto
con sus discípulos y una gran multitud, el ciego Bartimeo, hijo de Timeo,
estaba sentado junto al camino mendigando.
47 Y cuando oyó que era Jesús de Nazaret, comenzó a gritar diciendo:
--¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!
48 Muchos le regañaban para que se callara, pero él gritaba aun más
fuerte: --¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
49 Entonces Jesús se detuvo y mandó llamarle. Llamaron al ciego
diciéndole: --Ten confianza. Levántate. El te llama.
50 Entonces él, tirando su manto, se levantó y fue a Jesús.
51 Y Jesús le respondió diciendo: --¿Qué quieres que te haga? El ciego le
dijo: --Rabí, que yo recobre la vista.
52 Jesús le dijo: --Vete. Tu fe te ha salvado. Al instante recobró la
vista, y seguía a Jesús en el camino.
Marcos 11
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1 Cuando llegaron cerca de Jerusalén, junto a Betfagé y Betania, frente al
monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos
2 y les dijo: --Id a la aldea que está frente a vosotros, y cuando hayáis
entrado allí, en seguida hallaréis atado un borriquillo sobre el cual
ningún hombre ha montado. Desatadlo y traedlo.
3 Y si alguien os dice: "¿Por qué hacéis eso?", decidle: "El Señor lo
necesita, y luego lo enviará aquí otra vez."
4 Ellos fueron y hallaron el borriquillo atado a la puerta, afuera, en la
esquina de dos calles; y lo desataron.
5 Algunos de los que estaban allí les dijeron: --¿Qué hacéis desatando al
borriquillo?
6 Ellos les dijeron tal como Jesús les había dicho, y les dejaron ir.
7 Trajeron el borriquillo a Jesús y echaron sobre él sus mantos, y se
sentó sobre él.
8 Muchos tendieron sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los
árboles.
9 Los que iban delante y los que le seguían aclamaban: --¡Hosanna!
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
10 ¡Bendito el reino venidero de nuestro padre David! ¡Hosanna en las
alturas!
11 Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, y habiendo mirado todo en
derredor, como la hora ya era tarde, salió para Betania con los doce.
12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre.
13 Y viendo desde lejos una higuera que tenía hojas, se acercó para ver si
hallara en ella algo. Cuando vino a ella, no encontró nada sino hojas,
porque no era tiempo de higos.
14 Entonces Jesús dijo a la higuera: "¡Nunca jamás coma nadie de tu
fruto!" Y lo oyeron sus discípulos.
15 Llegaron a Jerusalén, y Jesús entró en el templo. Y comenzó a echar
fuera a los que vendían y a los que compraban en el templo. Volcó las
mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas,
16 y no consentía que nadie cruzase por el templo llevando utensilio
alguno.
17 Y enseñaba diciendo: "¿No está escrito que mi casa será llamada casa de
oración para todas las naciones? Pero vosotros la habéis hecho cueva de
ladrones."
18 Lo oyeron los principales sacerdotes y los escribas, y buscaban cómo
matarle; porque le tenían miedo, pues todo el pueblo estaba maravillado de
su doctrina.
19 Y al llegar la noche, Jesús y los suyos salieron de la ciudad.
20 Por la mañana, pasando por allí vieron que la higuera se había secado
desde las raíces.
21 Entonces Pedro, acordándose, le dijo: --Rabí, he aquí la higuera que
maldijiste se ha secado.
22 Respondiendo Jesús les dijo: --Tened fe en Dios.
23 De cierto os digo que cualquiera que diga a este monte: "Quítate y
arrójate al mar", y que no dude en su corazón, sino que crea que será
hecho lo que dice, le será hecho.
24 Por esta razón os digo que todo por lo cual oráis y pedís, creed que lo
habéis recibido, y os será hecho.
25 Y cuando os pongáis de pie para orar, si tenéis algo contra alguien,
perdonadle, para que vuestro Padre que está en los cielos también os
perdone a vosotros vuestras ofensas.
26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los
cielos os perdonará vuestras ofensas.
27 Volvieron a Jerusalén. Luego, mientras él andaba por el templo,
vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos,
28 y le decían: --¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién te dio la
autoridad para hacer estas cosas?
29 Entonces Jesús les dijo: --Yo os haré una pregunta. Respondedme, y yo
os diré con qué autoridad hago estas cosas:
30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme.
31 Entonces ellos razonaban entre sí diciendo: --Si decimos "del cielo",
dirá: "¿Por qué, pues, no le creísteis?"
32 Pero si decimos "de los hombres..." Temían al pueblo, porque todos
consideraban que verdaderamente Juan era profeta.
33 Entonces respondiendo a Jesús dijeron: --No sabemos. Y Jesús les dijo:
--Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
Marcos 12
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1 Entonces comenzó a hablarles en parábolas: --Un hombre plantó una viña.
La rodeó con una cerca, cavó un lagar, edificó una torre, la arrendó a
unos labradores y se fue lejos.
2 A su debido tiempo envió un siervo a los labradores, para recibir de los
labradores una parte del fruto de la viña.
3 Pero ellos lo tomaron, lo hirieron y le enviaron con las manos vacías.
4 Volvió a enviarles otro siervo, pero a ése le hirieron en la cabeza y le
afrentaron.
5 Y envió otro, y a éste lo mataron. Envió a muchos otros, pero ellos
herían a unos y mataban a otros.
6 Teniendo todavía un hijo suyo amado, por último, también lo envió a
ellos diciendo: "Tendrán respeto a mi hijo."
7 Pero aquellos labradores dijeron entre sí: "Este es el heredero. Venid,
matémosle, y la heredad será nuestra."
8 Y le prendieron, lo mataron y le echaron fuera de la viña.
9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, destruirá a los labradores
y dará la viña a otros.
10 ¿No habéis leído esta Escritura: La piedra que desecharon los
edificadores, ésta fue hecha cabeza del ángulo;
11 de parte del Señor sucedió esto, y es maravilloso en nuestros ojos?
12 Ellos procuraban prenderle, pero temían a la multitud, porque sabían
que en aquella parábola se había referido a ellos. Y dejándole, se fueron.
13 Entonces enviaron a él algunos de los fariseos y de los herodianos para
que le sorprendiesen en alguna palabra.
14 Y viniendo le dijeron: --Maestro, sabemos que eres hombre de verdad y
que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres,
sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo al
César, o no? ¿Daremos o no daremos?
15 Entonces él, como entendió la hipocresía de ellos, les dijo: --¿Por qué
me probáis? Traedme un denario para que lo vea.
16 Se lo trajeron, y él les dijo: --¿De quién es esta imagen y esta
inscripción? Le dijeron: --Del César.
17 Entonces Jesús les dijo: --Dad al César lo que es del César, y a Dios
lo que es de Dios. Y se maravillaban de él.
18 Entonces vinieron a él unos saduceos, quienes dicen que no hay
resurrección, y le preguntaron diciendo:
19 --Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muere y deja
mujer y no deja hijos, su hermano tome la mujer y levante descendencia a
su hermano.
20 Había siete hermanos. El primero tomó mujer, y murió sin dejar
descendencia.
21 La tomó el segundo y murió sin dejar descendencia. El tercero, de la
misma manera.
22 Así los siete no dejaron descendencia. Después de todos, murió también
la mujer.
23 En la resurrección, cuando resuciten, puesto que los siete la tuvieron
por mujer, ¿de cuál de ellos será mujer?
24 Entonces Jesús les dijo: --¿No es por esto que erráis, porque no
conocéis las Escrituras ni tampoco el poder de Dios?
25 Porque cuando resuciten de entre los muertos, no se casarán ni se darán
en casamiento, sino que son como los ángeles que están en los cielos.
26 Y con respecto a si resucitan los muertos, ¿no habéis leído en el libro
de Moisés, cómo le habló Dios desde la zarza diciendo: Yo soy el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
27 Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Vosotros erráis mucho.
28 Se le acercó uno de los escribas al oírles discutir; y dándose cuenta
de que Jesús había respondido bien, le preguntó: --¿Cuál es el primer
mandamiento de todos?
29 Jesús le respondió: --El primero es: Escucha, Israel: El Señor nuestro
Dios, el Señor uno es.
30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con
toda tu mente y con todas tus fuerzas.
31 El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro
mandamiento mayor que estos dos.
32 Entonces el escriba le dijo: --Bien, Maestro. Has dicho la verdad: Dios
es uno, y no hay otro aparte de él;
33 y amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, y con todas
las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los
holocaustos y sacrificios.
34 Y viendo Jesús que había respondido sabiamente, le dijo: --No estás
lejos del reino de Dios. Ya nadie se atrevía a hacerle más preguntas.
35 Mientras estaba enseñando en el templo, Jesús respondiendo decía:
--¿Cómo es que dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?
36 David mismo dijo mediante el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor:
"Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus
pies."
37 David mismo le llama "Señor"; ¿cómo es, pues, su hijo? Y la gran
multitud le escuchaba con gusto.
38 Y en su enseñanza decía: --Guardaos de los escribas, a quienes les
gusta pasearse con ropas largas y aman las salutaciones en las plazas,
39 las primeras sillas en las sinagogas y los primeros asientos en los
banquetes.
40 Estos, que devoran las casas de las viudas y como pretexto hacen largas
oraciones, recibirán mayor condenación.
41 Estando Jesús sentado frente al arca del tesoro, observaba cómo el
pueblo echaba dinero en el arca. Muchos ricos echaban mucho,
42 y una viuda pobre vino y echó dos blancas, que equivalen a un
cuadrante.
43 El llamó a sus discípulos y les dijo: --De cierto os digo que esta
viuda pobre echó más que todos los que echaron en el arca.
44 Porque todos han echado de su abundancia; pero ésta, de su pobreza,
echó todo lo que tenía, todo su sustento.
Marcos 13
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1 Cuando él salía del templo, uno de sus discípulos dijo: --Maestro, ¡mira
qué piedras y qué edificios!
2 Y Jesús le dijo: --¿Veis estos grandes edificios? Aquí no quedará piedra
sobre piedra que no sea derribada.
3 Estando él sentado en el monte de los Olivos frente al templo, Pedro,
Jacobo, Juan y Andrés le preguntaban aparte:
4 --Dinos, ¿cuándo sucederán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas
estas cosas estén por cumplirse?
5 Jesús comenzó a decirles: --Mirad que nadie os engañe.
6 Muchos vendrán en mi nombre diciendo: "Yo soy", y engañarán a muchos.
7 Pero cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis. Es
necesario que así suceda, pero todavía no es el fin.
8 Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá
terremotos por todas partes. Habrá hambres. Estos son principio de
dolores.
9 Pero vosotros, mirad por vosotros mismos. Porque os entregarán en los
concilios, y seréis azotados en las sinagogas. Por mi causa seréis
llevados delante de gobernadores y de reyes, para testimonio a ellos.
10 Es necesario que primero el evangelio sea predicado a todas las
naciones.
11 Cuando os lleven para entregaros, no os preocupéis por lo que hayáis de
decir. Más bien, hablad lo que os sea dado en aquella hora; porque no sois
vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.
12 El hermano entregará a muerte a su hermano, y el padre a su hijo. Se
levantarán los hijos contra sus padres y los harán morir.
13 Y seréis aborrecidos de todos, por causa de mi nombre. Pero el que
persevere hasta el fin, éste será salvo.
14 Pero cuando veáis que la abominación desoladora se ha establecido donde
no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea
huyan a los montes.
15 El que esté en la azotea no descienda ni entre para sacar algo de su
casa,
16 y el que esté en el campo no vuelva atrás para tomar su manto.
17 ¡Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días!
18 Orad, pues, que no acontezca en invierno.
19 Porque aquellos días serán de tribulación como nunca ha habido desde el
principio de la creación que Dios creó, hasta ahora, ni habrá jamás.
20 Si el Señor no hubiese acortado aquellos días, no se salvaría nadie;
pero por causa de los escogidos que él eligió, él ha acortado aquellos
días.
21 Entonces, si alguien os dice: "He aquí, aquí está el Cristo", o "He
allí, allí está", no le creáis.
22 Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán señales
y maravillas para engañar, de ser posible, a los escogidos.
23 Pero vosotros, ¡mirad! Os lo he dicho todo de antemano.
24 Entonces en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se
oscurecerá, y la luna no dará su resplandor.
25 Las estrellas caerán del cielo, y los poderes que están en los cielos
serán sacudidos.
26 Entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes con gran poder
y gloria.
27 Después enviará a sus ángeles y reunirá a sus escogidos de los cuatro
vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28 De la higuera aprended la parábola: Cuando su rama ya está tierna y
brotan sus hojas, sabéis que el verano está cerca.
29 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que
está cerca, a las puertas.
30 De cierto os digo que no pasará esta generación hasta que todas estas
cosas sucedan.
31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32 Pero acerca de aquel día o de la hora, nadie sabe; ni siquiera los
ángeles en el cielo, ni aun el Hijo, sino sólo el Padre.
33 Mirad y velad, porque no sabéis cuándo será el tiempo.
34 Será como el hombre que al salir de viaje dejó su casa y dio autoridad
a sus siervos, a cada uno su obra, y al portero mandó que velase.
35 Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el Señor de la casa, sea a
la tarde, a la medianoche, al canto del gallo o a la mañana;
36 no sea que cuando vuelva de repente os halle durmiendo.
37 Lo que a vosotros digo, a todos digo: ¡Velad!
Marcos 14
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1 Dos días después era la Pascua y la fiesta de los panes sin levadura. Y
los principales sacerdotes y los escribas estaban buscando cómo prenderle
por engaño y matarle,
2 pues decían: "No en la fiesta, de modo que no se haga alboroto en el
pueblo."
3 Estando él en Betania sentado a la mesa en casa de Simón el leproso,
vino una mujer que tenía un frasco de alabastro con perfume de nardo puro
de gran precio. Y quebrando el frasco de alabastro, lo derramó sobre la
cabeza de Jesús.
4 Pero había allí algunos que se indignaron entre sí y dijeron: --¿Para
qué se ha hecho este desperdicio de perfume?
5 Porque podría haberse vendido este perfume por más de trescientos
denarios y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella,
6 pero Jesús dijo: --Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ella ha hecho una
buena obra conmigo.
7 Porque siempre tenéis a los pobres con vosotros, y cuando queréis les
podéis hacer bien; pero a mí no siempre me tenéis.
8 Ella ha hecho lo que podía, porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo
para la sepultura.
9 De cierto os digo que dondequiera que sea predicado este evangelio en
todo el mundo, también lo que ésta ha hecho será contado para memoria de
ella.
10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales
sacerdotes para entregárselo.
11 Ellos, al oírlo, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él buscaba
cómo entregarle en un momento oportuno.
12 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando
sacrificaban el cordero de la Pascua, sus discípulos le dijeron: --¿Dónde
quieres que vayamos y hagamos los preparativos para que comas la Pascua?
13 El envió a dos de sus discípulos y les dijo: --Id a la ciudad, y os
saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua. Seguidle;
14 y donde entre, decid al dueño de casa: "El Maestro dice: '¿Dónde está
mi habitación donde he de comer la Pascua con mis discípulos?'"
15 Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto y preparado.
Preparad allí para nosotros.
16 Salieron sus discípulos, entraron en la ciudad, hallaron como les había
dicho y prepararon la Pascua.
17 Al atardecer fue con los doce;
18 y cuando estaban sentados a la mesa comiendo, Jesús dijo: --De cierto
os digo que uno de vosotros, el que come conmigo, me va a entregar.
19 Entonces comenzaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: --¿Acaso
seré yo?
20 El les dijo: --Es uno de los doce, el que moja el pan conmigo en el
plato.
21 A la verdad, el Hijo del Hombre va, tal como está escrito de él. Pero
¡ay de aquel hombre por quien es entregado el Hijo del Hombre! Bueno le
fuera a aquel hombre no haber nacido.
22 Mientras ellos comían, Jesús tomó pan y lo bendijo; lo partió, les dio
y dijo: --Tomad; esto es mi cuerpo.
23 Tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron todos de
ella.
24 Y él les dijo: --Esto es mi sangre del pacto, la cual es derramada a
favor de muchos.
25 De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel
día cuando lo beba nuevo en el reino de Dios.
26 Y después de cantar un himno, salieron al monte de los Olivos.
27 Entonces Jesús les dijo: --Todos os escandalizaréis de mí; porque
escrito está: Heriré al pastor, y serán dispersadas las ovejas.
28 Pero después de haber resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
29 Entonces Pedro le dijo: --Aunque todos sean escandalizados, yo no.
30 Jesús le dijo: --De cierto te digo que hoy, en esta noche, antes que el
gallo haya cantado dos veces, tú me negarás tres veces.
31 Pero él decía con mayor insistencia: --Aunque me sea necesario morir
contigo, jamás te negaré. También todos decían lo mismo.
32 Llegaron al lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos:
--Sentaos aquí, mientras yo oro.
33 Tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a
angustiarse.
34 Y les dijo: --Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quedaos aquí y
velad.
35 Pasando un poco adelante, se postraba en tierra y oraba que de ser
posible, pasase de él aquella hora.
36 Decía: --¡Abba, Padre, todo es posible para ti! ¡Aparta de mí esta
copa! Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.
37 Volvió y los halló durmiendo, y le dijo a Pedro: --Simón, ¿duermes? ¿No
has podido velar una sola hora?
38 Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu a la verdad
está dispuesto, pero la carne es débil.
39 De nuevo se apartó y oró diciendo las mismas palabras.
40 Cuando volvió otra vez, los halló durmiendo, porque sus ojos estaban
cargados de sueño. Y no sabían qué responderle.
41 Volvió por tercera vez y les dijo: --¿Todavía estáis durmiendo y
descansando? Basta ya. La hora ha venido. He aquí, el Hijo del Hombre es
entregado en manos de los pecadores.
42 ¡Levantaos, vamos! He aquí, está cerca el que me entrega.
43 En seguida, mientras él aún hablaba, llegó Judas, uno de los doce, y
con él una multitud con espadas y palos, de parte de los principales
sacerdotes, de los escribas y de los ancianos.
44 El que le entregaba les había dado señal diciendo: "Al que yo bese, ése
es. Prendedle y llevadle con seguridad."
45 Cuando llegó, de inmediato se acercó a él y dijo: --¡Rabí! Y le besó.
46 Entonces ellos le echaron mano y le prendieron;
47 pero uno de los que estaban allí, sacando su espada, hirió al siervo
del sumo sacerdote y le cortó la oreja.
48 Jesús respondió y les dijo: --¿Como contra un asaltante habéis salido
con espadas y palos para prenderme?
49 Cada día yo estaba delante de vosotros enseñando en el templo, y no me
prendisteis. Pero así es, para que se cumplan las Escrituras.
50 Entonces todos los suyos le abandonaron y huyeron.
51 Pero cierto joven, habiendo cubierto su cuerpo desnudo con una sábana,
le seguía; y le prendieron.
52 Pero él, dejando la sábana, huyó desnudo.
53 Llevaron a Jesús ante el sumo sacerdote; y se reunieron con él todos
los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas.
54 Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote, y
estaba sentado con los guardias y se calentaba ante el fuego.
55 Los principales sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban testimonio
contra Jesús, para entregarle a muerte; pero no lo hallaban.
56 Porque muchos daban falso testimonio contra Jesús, pero sus testimonios
no concordaban.
57 Entonces se levantaron unos, y dieron falso testimonio contra él
diciendo:
58 --Nosotros le oímos decir: "Yo derribaré este templo que ha sido hecho
con manos, y en tres días edificaré otro hecho sin manos."
59 Pero ni aun así concordaba el testimonio de ellos.
60 Entonces el sumo sacerdote se levantó en medio y preguntó a Jesús
diciendo: --¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?
61 Pero él callaba y no respondió nada. Otra vez el sumo sacerdote le
preguntó y le dijo: --¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?
62 Jesús le dijo: --Yo soy. Y además, veréis al Hijo del Hombre sentado a
la diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo.
63 Entonces el sumo sacerdote rasgó su vestidura y dijo: --¿Qué más
necesidad tenemos de testigos?
64 Vosotros habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece? Y todos ellos le
condenaron como reo de muerte.
65 Algunos comenzaron a escupirle, a cubrirle la cara y a darle de
bofetadas, diciendo: --¡Profetiza! También los guardias le recibieron a
bofetadas.
66 Estando Pedro abajo en el patio, vino una de las criadas del sumo
sacerdote.
67 Cuando vio a Pedro calentándose, se fijó en él y le dijo: --Tú también
estabas con Jesús de Nazaret.
68 Pero él negó diciendo: --No lo conozco, ni sé lo que dices. Y salió
afuera a la entrada, y el gallo cantó.
69 Cuando la criada le vio, comenzó otra vez a decir a los que estaban
allí: --Este es uno de ellos.
70 Pero él negó otra vez. Poco después, los que estaban allí decían otra
vez a Pedro: --Verdaderamente tú eres uno de ellos, porque eres galileo.
71 Pero él comenzó a maldecir y a jurar: --¡No conozco a este hombre de
quien habláis!
72 Y en seguida cantó el gallo por segunda vez, y Pedro se acordó de la
palabra, como Jesús le había dicho: "Antes que cante el gallo dos veces,
tú me negarás tres veces." Y pensando en esto, lloraba.
Marcos 15
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1 Y luego, muy de mañana, cuando los principales sacerdotes ya habían
consultado con los ancianos, con los escribas y con todo el Sanedrín,
después de atar a Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilato.
2 Y Pilato le preguntó: --¿Eres tú el rey de los judíos? Y respondiendo le
dijo: --Tú lo dices.
3 Los principales sacerdotes le acusaban de muchas cosas.
4 Pero Pilato le preguntaba de nuevo diciendo: --¿No respondes nada? Mira
de cuántas cosas te acusan.
5 Pero Jesús aun con eso no respondió nada, de modo que Pilato se
maravillaba.
6 En la fiesta Pilato solía soltarles un preso, el que pidiesen.
7 Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con los rebeldes que habían
cometido homicidio en la insurrección.
8 La multitud se levantó y comenzó a pedir que les hiciese como
acostumbraba.
9 Entonces Pilato les respondió diciendo: --¿Queréis que yo os suelte al
rey de los judíos?
10 Porque sabía que por envidia le habían entregado los principales
sacerdotes.
11 Pero los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les
soltase más bien a Barrabás.
12 De nuevo intervino Pilato y les decía: --¿Qué, pues, queréis que haga
con el que llamáis "el rey de los judíos"?
13 De nuevo gritaron: --¡Crucifícale!
14 Entonces Pilato les dijo: --¿Pues, qué mal ha hecho? Pero lanzaron
gritos aun más fuertes: --¡Crucifícale!
15 Entonces Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás y
entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.
16 Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, que es el Pretorio,
y convocaron a toda la compañía.
17 Le vistieron de púrpura; y habiendo entretejido una corona de espinas,
se la pusieron
18 y comenzaron a aclamarle: --¡Viva, rey de los judíos!
19 También le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y puestos de
rodillas le rendían homenaje.
20 Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le
pusieron su propia ropa. Entonces le sacaron para crucificarle.
21 Obligaron a uno que pasaba viniendo del campo, a un cierto Simón de
Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, a que cargara la cruz de Jesús.
22 Y le llevaron al lugar llamado Gólgota, que traducido es lugar de la
Calavera.
23 Le dieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó.
24 Y le crucificaron, y repartieron sus vestiduras, echando suertes sobre
ellas para ver qué se llevaría cada uno.
25 Era la hora tercera cuando le crucificaron.
26 El título de su acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDIOS.
27 Y con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su
izquierda.
28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos.
29 Y los que pasaban le insultaban, meneando sus cabezas y diciendo:
--¡Ah! Tú que derribas el templo y lo edificas en tres días,
30 ¡sálvate a ti mismo y desciende de la cruz!
31 De igual manera, burlándose de él entre ellos mismos, los principales
sacerdotes junto con los escribas decían: --A otros salvó; a sí mismo no
se puede salvar.
32 ¡Que el Cristo, el rey de Israel, descienda ahora de la cruz para que
veamos y creamos! También los que estaban crucificados con él le
injuriaban.
33 Cuando llegó la hora sexta, descendió oscuridad sobre toda la tierra,
hasta la hora novena.
34 Y en la hora novena Jesús exclamó a gran voz, diciendo: --¡Eloi, Eloi!
¿Lama sabactani? --que traducido quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has desamparado?--.
35 Al oírle, algunos de los que estaban allí decían: --He aquí, llama a
Elías.
36 Corrió uno y empapó una esponja en vinagre, la puso en una caña y le
dio a beber, diciendo: --Dejad, veamos si viene Elías a bajarle.
37 Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
38 Y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
39 El centurión que estaba de pie delante de él, cuando vio que había
muerto de esta manera, dijo: --¡Verdaderamente este hombre era Hijo de
Dios!
40 También estaban allí algunas mujeres, mirando desde lejos. Entre ellas
se encontraban María Magdalena, María la madre de Jacobo el Menor y de
José, y Salomé.
41 Cuando Jesús estaba en Galilea, éstas le seguían y le servían. También
había muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.
42 Cuando ya atardecía, siendo el día de la Preparación, es decir, la
víspera del sábado,
43 llegó José de Arimatea, miembro ilustre del concilio, quien también
esperaba el reino de Dios, y entró osadamente a Pilato y le pidió el
cuerpo de Jesús.
44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto. Y llamando al centurión,
le preguntó si ya había muerto.
45 Una vez informado por el centurión, concedió el cuerpo a José.
46 Comprando una sábana y bajándole de la cruz, José lo envolvió en la
sábana y lo puso en un sepulcro que había sido cavado en una peña. Luego
hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
47 María Magdalena y María la madre de José miraban dónde le ponían.
Marcos 16
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1 Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María madre de Jacobo, y Salomé
compraron especias aromáticas para ir a ungirle.
2 Muy de mañana, el primer día de la semana, fueron al sepulcro apenas
salido el sol,
3 y decían una a otra: --¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del
sepulcro?
4 Pero cuando miraron, vieron que la piedra ya había sido removida, a
pesar de que era muy grande.
5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado
derecho, vestido de una larga ropa blanca, y se asustaron.
6 Pero él les dijo: --No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, quien
fue crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí. He aquí el lugar donde le
pusieron.
7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de
vosotros a Galilea. Allí le veréis, como os dijo.
8 Ellas salieron y huyeron del sepulcro, porque temblaban y estaban presas
de espanto. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.
9 Una vez resucitado Jesús, muy de mañana en el primer día de la semana,
apareció primeramente a María Magdalena, de la cual había echado siete
demonios.
10 Ella fue y lo anunció a los que habían estado con él, que estaban
tristes y lloraban.
11 Pero cuando ellos oyeron que estaba vivo y que había sido visto por
ella, no lo creyeron.
12 Después apareció en otra forma a dos de ellos que iban caminando hacia
el campo.
13 Ellos fueron y lo anunciaron a los demás, pero tampoco a ellos les
creyeron.
14 Luego, apareció a los once cuando estaban sentados a la mesa, y les
reprendió por su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído
a los que le habían visto resucitado.
15 Y les dijo: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda
criatura.
16 El que cree y es bautizado será salvo; pero el que no cree será
condenado.
17 Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera
demonios, hablarán nuevas lenguas,
18 tomarán serpientes en las manos, y si llegan a beber cosa venenosa, no
les dañará. Sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán."
19 Después que les habló, el Señor Jesús fue recibido arriba en el cielo y
se sentó a la diestra de Dios.
20 Y ellos salieron y predicaron en todas partes, actuando con ellos el
Señor y confirmando la palabra con las señales que seguían.
(SRVA) |